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domingo, 11 de abril de 2010

El zahorí

Diversos estudios estadísticos han concluido que la radiestesia (del latín radio y del gr. αἴσθησις, sensibilidad), la sensibilidad especial para captar ciertas radiaciones que se utiliza en el descubrimiento de manantiales subterráneos y venas metalíferas, no es más eficiente que otro tipo de prospecciones hídricas basadas en la utilización de sofisticada tecnología. Sin embargo, los zahoríes, presuntamente dotados de esta habilidad que raya en lo paranormal, siguen siendo empleados y venerados en muchísimos sitios, donde la vida depende de que estos individuos, armados con un péndulo o una horquilla de madera, detecten la veta de agua que hará posible los cultivos del año.
Esta misteriosa habilidad ha sido negada merced a una implacable medición estadística, pero es irrefutable el hecho de que la inclinación de la horquilla de madera o del péndulo en un determinado sitio ha hallado manantiales que han posibilitado la existencia de cientos de comunidades. Los zahoríes se han ganado su reputación a partir de la milagrosa utilidad de su arte.
A pesar de la vivísima apariencia que les concede el verdor del pasto y la febril actividad de los que por él transitan, los campos de futbol suelen ser espacios yermos, calcinados por la abulia, la fatiga, la desesperanza. Entonces se requiere un rabdomante, un zahorí que recorra el inmenso rectángulo y determine el sitio exacto en el que hay que iniciar la excavación que llevará al gol. Actualmente, el rabdomante más eficaz del mundo es Xavier Hernández Creus.
Mientras los zahoríes que conserva la tradición son sujetos sosegados que requieren silencio para realizar su reposada labor, Xavi la desempeña rodeado de decenas de miles de individuos que aman, odian, apoyan, blasfeman, festejan e insultan. Y lo hace sin pausa. Donde los 21 futbolistas que comparten terreno con el menudo centrocampista catalán nacido hace 30 años sólo ven un desierto cubierto de piernas magulladas, Xavi sabe que se oculta una infinidad de corrientes cristalinas que harán germinar el talento de los que visten como él.
El estadio Santiago Bernabéu amenazaba con ser el pasado sábado un páramo infinito sólo apto para las violentas cabalgadas de Cristiano Ronaldo, hostil al juego florido de Messi y compañía. Pero Xavi esquivó hachazos, estudió palmo a palmo el inmenso césped del Bernabéu y su bota derecha encontró el primer manantial que Messi perforó para dejar empapados y ateridos a sus rivales de blanco. Luego Xavi señaló un riachuelo que condujo a Pedro Rodríguez a las mismísimas narices de Casillas, cancerbero mancillado por el fulgor futbolístico azulgrana, y el Barcelona de Guardiola derrotó por cuarta vez consecutiva a su archirrival.
Xavi ya ganó una Eurocopa con la selección de España y un montón de trofeos con el FC Barcelona. Su presencia en Sudáfrica 2010 garantiza que en el Mundial siempre habrá al menos un arroyo que, si sus compañeros saben aprovecharlo, refrescará el mundo del futbol.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Enfermo de futbol


Luego de perder la final de la Liga de Campeones contra el Barcelona, el laureado Alex Ferguson, entre compungido y admirado, declaró: “Xavi no sabe lo que es irse a la cama después de perder un balón”.
En sus escasos 170 centímetros de estatura anida toda una religión cuyo objeto sagrado, el balón, ha de poseer a toda costa. Sin ser el más rápido llega antes que todos al encuentro del esférico, y cuando los rivales creen que lo han cazado, que lo van a despojar de su fetiche, Xavi ya les dio la vuelta, lo pasó a un compañero, lo recibió otra vez y puso un pase de gol.
Cuando Xavier Hernández Creus (Terrassa, 1980) era niño, su madre lo enviaba a comprar el pan de la familia, pero el pequeño se metía en algún partidillo y, cuando por fin llegaba a la panadería, ésta ya había cerrado. Es un enfermo confeso de futbol.
Su debut en el primer equipo, en 1998, ocurrió luego de una desafortunada lesión de Josep Guardiola, su ídolo. Hizo su trabajo con tanta eficiencia y pulcritud que aficionados y periodistas catalanes pretendieron borrar al gran Pep para darle su lugar al chico de 18 años. Lejos de halagarlo, ese debate molestó enormemente a Xavi, pues lo que más deseaba era jugar al lado de Guardiola para seguir aprendiendo. Y aprendió mucho.
En mayo de 2008, hartos de verlo tocar una y otra vez la pelota, de intentar infructuosamente que ésta llegara con ventaja a los alicaídos delanteros del equipo, algunos le llamaron “el cáncer del Barça”. El estrepitoso derrumbe de un equipo que había cautivado en 2006 exigía que rodaran cabezas, y hubo quienes se atrevieron a pedir la del minúsculo centrocampista que entonces se estrellaba invariablemente contra la apatía y la indolencia de un grupo harto de ganar. Pero Xavi ya tenía una década de experiencia en el Barça, y sabía que los triunfos volverían.
La llegada de Guardiola al banquillo del club le dio un nuevo impulso a su juego. Obsesionado con la posesión de la pelota, con el toque rápido y preciso, Guardiola ha encontrado en Xavi al mejor intérprete de la laboriosa partitura que prepara durante los entrenamientos. Gracias a Xavi ha vuelto la mejor versión de Eto’o, Henry ha revivido, Messi se ha encumbrado, Iniesta es San Andrés.
Xavi ha ganado cuatro Ligas españolas, una Copa del Rey, dos Supercopas Españolas, dos Ligas de Campeones, siempre con el Barcelona. Ha sobrevivido a seis entrenadores (Van Gaal, Serra Ferrer, Rexach, Antic, Rijkaard y Guardiola); ha padecido lesiones graves, abucheos y el permanente debate de si el toque puede superar al músculo. Con la selección española ganó un Mundial sub-20 y una Eurocopa, en la que fue elegido como el mejor futbolista del torneo.
Si su apretado calendario se lo permite, Xavi va a ver a sus amigos del Natació Terrassa, un club de su localidad natal. Y entonces sueña con que el balón sale de la cancha y le llega a él un instante, justo lo que necesita para dar una cátedra de futbol.